Somos una comunidad abierta, honesta y coherente. Reconocemos que no somos nuestros pensamientos ni emociones, y que siempre tenemos la opción de observar antes de reaccionar.
Cada interacción es una oportunidad para reconocer creencias, juicios y emociones en nosotros mismos. Lo que parece venir del otro es un espejo que nos ayuda a recordar qué aún necesitamos entregar.
La interacción es para conocernos, no para atacarnos Usamos nuestras relaciones para sanar la percepción, no para señalar culpables. Todo comentario es una ocasión de recordar nuestra inocencia compartida.
Nos expresamos con cercanía, claridad y respeto. Nos permitimos mostrarnos tal como somos, sin máscaras ni apariencias, confiando en que la vulnerabilidad abre la puerta al amor.
No promovemos dobles sentidos ni comentarios que fomenten separación, juicio o ataque. Elegimos palabras que construyan unión y comprensión.
Reconocemos que no vemos toda la verdad. Cada vez que surja un juicio, lo entregamos con humildad al Espíritu Santo para que Él corrija nuestra percepción.
Recordamos que no venimos a convencer ni a ganar discusiones, sino a compartir y abrirnos al amor. Defendemos menos y escuchamos más.
El perdón no significa justificar ni negar, sino soltar las interpretaciones que nos atan al dolor. Cada encuentro es una invitación a practicar el perdón y elegir la paz.
Reconocemos que todo lo que recibimos , una palabra, una corrección, una experiencia es un regalo para nuestro crecimiento. La gratitud reemplaza la queja.
Sabemos que la verdadera enseñanza no viene de nosotros mismos, sino del Amor que nos creó. Confiamos en que Él dirige este espacio y lo sostiene en Su paz.